Entre la topografía quebrada
del Norte, Briceño guarda el recuerdo de los arrieros.
Aún pasan las mulas, únicas capaces de retar los
agrestes caminos, cargando sus productos agrícolas. En
esta localidad es reconocido el trabajo del talabartero, del
artesano, del campesino. El tiempo parece haberse detenido,
tal vez, a admirar desde este mirador natural la exuberancia
del paisaje antioqueño. Habitantes y turistas frecuentan
las piscinas que se forman en áreas naturales, en especial
los del Espíritu Santo, ubicados a apenas media hora
del casco urbano. |