Es un pueblo de iglesias y plazas.
Es la tierra del fríjol liborino, que le ha dado renombre
al municipio y que tiene incluso, cada noviembre, fiestas en
su honor. Metido entre montañas, este es un destino de
tierra caliente, que se matiza gratamente por la frescura de
sus quebradas y la sombra de sus árboles. |