En una esquina privilegiada del mundo hay una tierra llamada Antioquia. Su territorio, su gente, su cultura están marcados por una fuerza extraordinaria, que se mezcla todos los días con la diversidad de sus 125 municipios. Vitalidad es la palabra que mejor define a esta región.

 

La riqueza geográfica juega a favor de esa energía vital. Son 63.000 kilómetros cuadrados de exuberancia natural: costa sobre el mar Caribe, tres grandes ríos que atraviesan sus montañas y diversidad en flora y fauna. En este escenario viven cinco millones y medio de antioqueños y antioqueñas: trabajadores, creativos y emprendedores.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, Antioquia vivió la mayor parte de las transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales. Las innovaciones tecnológicas en la minería, la construcción de vías carreteables, la constitución del ferrocarril, la expansión comercial de su capital Medellín y su desarrollo urbanístico fueron los motores para esta transformación.

Ya en el siglo XX, Antioquia y su capital, Medellín, empezaron a ver crecer sus empresas, hasta llegar a constituirse en el centro industrial de Colombia. Hoy es el primer departamento del país con un territorio donde se conjugan exitosamente la industria, la cultura y la ciencia. Antioquia es un departamento de todos y todas. Es blanco, negro, mulato e indígena. Por esa razón, tenemos nueve maneras de engrandecer la vida, traducidas en subregiones.

Urabá es la gran puerta de Antioquia, en la que el mar y la tierra se unen. Su enorme vocación exportadora y su ubicación geoestratégica la han convertido en una zona fundamental para el departamento y el país. Negros, indígenas y mestizos conviven allí, formando un mosaico cultural digno de ser conocido.

El Magdalena Medio es considerado el corazón de Colombia, no sólo por su ubicación, sino por ser un cruce estratégico de vías terrestres, fluviales y aéreas. Es una leyenda de agua, bosque tropical y cemento, gracias al asiento de varias empresas de este sector de la economía.

En el Bajo Cauca, subregión minera por excelencia, encontramos una manera particular de ser antioqueño. Una manera que combina la alegría costeña con la laboriosidad del interior. El oro y el sol pintan de amarillo todas las mañanas en esta región.

En el Norte, la industria lechera y la ganadería de doble propósito le han dado empuje a esta subregión, que también es escenario de algunos proyectos hidroeléctricos estratégicos para Colombia. El blanco aparece de madrugada en las fincas lecheras y en la nobleza de los campesinos.

El Oriente es la tierra de la energía. Pero no sólo de la energía eléctrica generada por su gran riqueza hídrica, sino de la energía y el ánimo presentes en sus 23 municipios, donde es predominante el verde de sus montañas, que combina mágicamente con las flores que nacen allí, y fortalecen la tradición floricultora.

En el Suroeste, la mítica imagen del arriero y el caficultor con que se ha representado a la subregión no es hoy suficiente para definir a una zona que se moderniza y vive en el siglo XXI. El río Cauca le da una belleza propia para el agroturismo, las caminatas ecológicas y la aventura.

El Occidente es la ruta del sol y de la fruta. También es unión entre el pasado de una arquitectura que da cuenta de la historia y un porvenir materializado en obras que amplían las oportunidades para los habitantes de la región y mejoran la calidad de vida.

Por su parte, el Nordeste es la cuna del desarrollo empresarial del departamento. De sus minas surgieron los capitales con los que se iniciaron las primeras empresas antioqueñas. Esta subregión es un tren cargado de oro y caña.

Finalmente, no puede faltar el Valle de Aburrá, un mosaico de ciudades de luces, paisajes y flores. En esta subregión dinámica, Medellín es el epicentro del tradicional Desfile de Silleteros. El corregimiento Santa Elena es la cuna de estos héroes que descienden cada año para compartir su gesta con la Antioquia citadina. Su espíritu laborioso se complementa con el ingenio presente en los otros nueve municipios que componen esta zona.

Hoy, Antioquia es una flor de mil colores. Allí radica su belleza. Personas de todos los matices, culturas y modos de vivir la vida fortalecen la unidad en la diversidad. Un departamento que se construye cada día con el aporte de todos sus habitantes, que no sólo miran al futuro, sino que están empeñados en construirlo con una meta clara: la búsqueda de la equidad.