Los silleteros están estrechamente ligados a la historia de Antioquia y de Colombia. En el tradicional Desfile de Silleteros, que se realiza cada mes de agosto en Medellín, se escenifica la permanencia ceremonial de este oficio, convertido en emblema de la ciudad y de la Feria de las Flores.

 

Durante la Colonia, cuando algunos pasos de cordillera casi infranqueables no permitían la utilización de animales de carga -como bueyes, mulas o caballos-, los silleteros hicieron posible el intercambio de productos y la movilización de viajeros entre lugares muy distantes; su habilidad consistía en soportar a sus espaldas, durante largas jornadas, cargas cuyo peso alcanzaba los 75 kilos. Crónicas de viaje de finales del siglo XIX describen caravanas de un centenar de silleteros avanzando disciplinadamente por los caminos de montaña.

En otras regiones del país, como el Valle del Cauca, Quindío, Nariño y Chocó, también existió el oficio de silletero, hasta cuando fueron desplazados gradualmente del paisaje por el tren y el automóvil. Sólo en algunos reductos de Antioquia y Chocó persistió, hasta bien entrado el siglo XX, la figura del silletero.

Desde su origen existieron dos categorías de silleteros: en primer lugar, los “cargueros”, que portaban exclusivamente mercancías; a sus espaldas ingresaron los más variados objetos, procedentes del propio país o del otro lado del océano. Vajillas, porcelanas, herramientas, pianos, muebles, máquinas, imágenes religiosas y el menaje de los viajeros se confiaban a la habilidad del carguero, durante largos recorridos de varias jornadas.

El otro especialista, el silletero propiamente dicho, ejerció el transporte de pasajeros y fue denominado, según la región, como faquín, caballito, peón de tercio, sillero y peón de brega, términos que muestran la extendida geografía de la labor. Responsables de conducir y proteger la vida de quien se instalaba a sus espaldas, fueron descritos como individuos fuertes, conversadores y serviciales, cuyo profundo conocimiento del medio paliaba las duras jornadas de los viajeros.

 

La silleta y el silletero se adaptaron a la modernización de Antioquia y del país; así, en muchas viviendas campesinas, la silleta persistió como un instrumento útil asociada al transporte de personas desvalidas o enfermas, o para movilizar productos, y para el campesino de Santa Elena en especial, fue un recurso del que se sirvió con ingenio para la tarea de comercializar sus productos en Medellín. La ciudad se familiarizó, de esta manera, con el silletero vendedor de flores y hortalizas, que recorría las calles céntricas y los barrios como proveedor por encargo de ciertas familias. Fue común verlos en las más célebres plazas de mercado, como la de Cisneros o la de Flórez, y en los atrios de las iglesias, hasta convertirse en un vistoso personaje incorporado al paisaje cotidiano de la ciudad.

Hoy en día, los silleteros de Santa Elena se han transformado en figuras ceremoniales. De su antiguo rol como comerciante de flores y hortalizas, el silletero ha derivado en un auténtico artesano floral que con gran destreza manual fabrica las silletas, esas originales y elaboradas composiciones, de elevado sentido estético, que exhibe en su desfile anual.

Estos silleteros y silleteras, habitan en su gran mayoría este medio rural, el corregimiento de Santa Elena, y se dedican principalmente, en sus parcelas, como cualquier campesino de la región, al cultivo de papa, hortalizas, flores, frutales como la mora y la fresa, al cuido de sus vacas y gallinas; algunos han continuado la tradición de la comercialización de flores y hortalizas en Medellín; los hay que son empleados de empresas o trabajadores oficiales, y otros han continuado estudios universitarios.

En su condición de silletero, este campesino se ha convertido en uno de los símbolos más preciados de Medellín, categoría ésta que fue refrendada hace más de una década en una votación popular, por medio de unos cupones entregados en los hogares con la cuenta de los servicios públicos. Para los silleteros ello es un honor, que se le retribuye con premios, galardones, aplausos y exclamaciones de admiración que la multitud expresa a su paso por las calles. Además, merced a los contratos, reciben un pago de la alcaldía por su participación, según escalas establecidas para cada categoría de silletas.

 

La imagen del silletero ha trascendido el ámbito de lo local, y Medellín tiene en ella un emblema, grato como el que más, para su proyección nacional e internacional. Delegaciones de silleteros, en función de embajadores de la ciudad, han desfilado en otras ciudades de Colombia y del mundo; Cali, Cartagena, Barranquilla, Bogotá, Roma, Camberra, Londres, Madrid, Miami, Nueva York, Barcelona, han recibido la visita de los silleteros paseando con su colorida carga, impregnando de calidez y vistosidad estos lejanos lugares, y haciendo resonar en ellos una tradición que el Desfile de Silleteros exalta mediante la acompasada y colorida conquista de las calles y los corazones de miles de espectadores.